Pregón de Les Feries 2022 – Intervención completa de Luis Miguel Rebustiello

Buenas tardes o más bien noches a todos.

Este no es, ni de largo, un buen pregón, al menos el mejor pregón del mundo, ese que yo hubiera querido leerles esta noche. En unos cuantos folios era necesario no sólo condensar mi historia y vivencias sino el de una saga familiar entera que empieza con mi abuelo Miguel el de los periódicos, mi padre Tino (el cartero, el corresponsal), mi madre Aurora, mi hermana Paloma (la Cartera), mis hijas Ruth y Rebeca, mi mujer Nieves, mis sobrinas Marta y Paloma, mis tíos Eligio, Mari y mi prima Florina (los de la librería), mi cuñado José (el veterinario), mi yernos Alberto y Fran y especialmente mis nietas Adriana y Carlota y que medio se apaga el pasado 30 de septiembre cuando la librería Miguel deja, después de casi un siglo de vender periódicos en la Pola.

Una familia, no muy grande, pero que a través de sus miembros prácticamente abarca la historia de los últimos sesenta años de este bendito concejo llamado Lena. Entre los años sesenta y noventa del pasado siglo casi todo lo acontecido en nuestra tierra lo contaron personas de mi familia, incluido yo. Desde finales de los setenta hasta ahora, la memoria gráfica y fotográfica de Lena la captó con sus cámaras mi tío Eligio del Castillo, Y durante casi un siglo, las noticias del mundo las repartimos mi abuelo, mi tío y yo, al grito de El periódico por las calles de la Pola.

En los años sesenta y setenta del siglo XX  las ferias en mi casa eran fechas de ajetreo, de llamadas telefónicas, de crónicas apresuradas. Eran tiempos de estrenar gabardinas, siempre llovía, y la ropa del invierno; aquella que habías ido a comprar a Oviedo con tu madre, Puerto del Padrún mediante, o que te habían encargado en la sastrería de Adolfo. En mi casa no éramos de callos, éramos más de “vete al bar Diego y dile a Rosario que te de dos de Pulpo”, y dios que bueno estaba. Eran los tiempos de La Chumina, el Ferreru, el bar Amador, el Mino, la Moderna, un poco más adelante el bar Lobo, con aquellas tortillas de patata con pisto que estaban para chuparse los dedos, y eso que a mí nunca me gustó el pisto. De postre, vete a Casa Jaime, o al Blancaflor o al Buen Gusto y trae unas milhojas. (Ahora, Lena es una potencia gastronómica de primer nivel con Xune Andrade con su Monte y su Mo, y Roble by Jairo Rodríguez y en Mamorana, Casa Farpón. Y en la pastelería Aramo hacen los mejores pasteles del mundo).

Eran otros tiempos, vete a la tienda y que te den Persil y dile que lo apunten, y al final de mes, o a principios del siguiente, religiosamente, se pagaba todo lo apuntado. Y llevábamos pantalones cortos y estábamos escalabrados y alrededor del ayuntamiento en verano, llegaba la vuelta a España o el tour de Francia, y durante tres días se dibujaban rectas y curvas sinuosas en las aceras, mientras con chapas rellenas con la cara de los ciclistas de la época –todos queríamos ser Eddy Merckx, Ocaña o Poulidor–  y un cristal para que pesara, ascendíamos, bajábamos y llaneábamos en épicas competiciones de carreras de chapas. Y en les feries, caballitos y barcas de madera para empujar, y tómbolas, y luego llegaron los coches de choque.

Mi niñez de los sesenta se desarrolló en aquella casa de la calle Caba Baja, encima de correos, 2º izquierda.  En el bajo estaba Correos, al otro lado del portal Tano, Teresa, Adelita y Presentina. En el primer piso, a la derecha, primero los Fesno, Ignacio y Bibi, con sus hijos Nacho, Julia María y Margarita, más adelante los Espinedo, con Pepe y Nieves y sus hijos Jose y Roberto, y luego llegó Pina. A la izquierda, Antonio Lebredo y Tinína con un montón de hijos, luego Mariano y Conchi. En el segundo, a la derecha, Adolfito, padrino de mi hermana Paloma, novio eterno de Carmina, melómano, culto, de fino bigote, que tenía un piano en su casa y que lo tocaba de maravilla cuando llegaba un poco chispa a ciertas horas de madrugada. A la izquierda, Tino y Aurora, con Miguel y Paloma, nosotros los González de Ávila. Todos éramos de la familia.

Desde la ventana de la cocina, mirando a la plaza,  estaba la huerta de Lele y Juanjo, con Pedro, Marí ángeles y  Mari Luz. Cuanto campamos por aquella huerta y cuantas aventuras infantiles en aquella casona palaciega con solana, igualita al edificio del casino. Y por allí, entre piratas y pedradas , Pedro Escobar Rey, Ángel Luis Fuentes Cortina y un servidor forjamos a fuego una amistad sellada por secretos inconfesables de niñez, de los cuales por supuesto ni nos acordamos y soñábamos con ser el jabato o el capitán trueno, o el sargento gorila y salíamos ufanos del Vital Aza o del Apolo tras ver la guerra de los botones, planeando hacer prisioneros a los de les colomines, los de La Crespa o La Caleya, tras haber amargado la tarde a Ramón y Argentina, míticos acomodadores de este teatro Vital Aza.

Tiempos duros en los que poco había y mucho compartíamos, la época de varear los colchones, los veranos en bicicleta asaltando los frutales camino de Carabanzo. Las noches de aquella famosa serie americana, Los invasores en la cocina de casa con hasta 20 personas todas en silencio mirando a aquella joya llamada televisión y allí cabíamos todos o no cabía ni dios. Éramos solidarios porque no había otro remedio. Ese era el mundo mundial de mi niñez.

Hace muchos años, más de medio siglo, en mi casa antes de llegar les Feries había una cierta actividad a través del teléfono,  y es que mi padre solía encargarse de buscar pregonero. Así puede escuchar cómo se fichaba a los mejores escritores de la época, a los periodistas más renombrados, etcétera. Y recuerdo uno en especial, un gran fichaje para aquellos tiempos, Pedro Macía, presentador del telediario cuando solo se veía una cadena de televisión en Lena y en muchos pueblos de España y  además en blanco y negro. Recuerdo que al acabar el pregón, un vecino tras felicitar a Pedro Macía efusivamente se acercó a mi padre y le dijo

 – “Tino, el mejor pregón de la historia, como se nota lo gran profesional que es Pedro Macía, cuánto sabe de la Pola y del concejo”.

Mi padre, sonrió y le contestó que sí, que había sido un buen pregón.  Tino Rebustiello, el cartero, el corresponsal por excelencia, nunca dio un pregón en la Pola y sin embargo escribió varios, me consta, uno de ellos el que leyó magistralmente Pedro Macía, que de Lena no tenía ni idea. Y yo hoy aquí le echo de menos para que me hiciera de ‘negro’ y me escribiera este pregón. Hace 40 años que murió y aún me duele recordarle.

Es justo saber de dónde venimos para poder reconocer un presente que nos ayude a preparar el futuro de la mejor manera posible. Si me atengo a lo contado en la prensa de los años sesenta, setenta y principio de los ochenta del pasado siglo, por mi padre, los lenenses éramos en aquella época, los mejores, los más grandes y los primeros en todo.

Como ya escribí en el prólogo “De Nuestro corresponsal” En tiempos en los que discrepar era pecado, él, a su manera, discrepó y denunció que había pueblos sin carreteras ni luz, que los molinos ya no maquilaban, que las minas cerraban, que los niños no tenían escuela porque no llegaban los maestros, que los lobos hacían estragos en las aldeas, que una mano negra impedía a Lena tener un instituto de enseñanza, que ya no nevaba y puso mote a los cadeneros y situó en el mapa a Campomanes como parada y fonda de camioneros. Y trajo a Eiffel a Asturias para construir un puente, atrapó a Isabel II en Pajares durante nueve días, dató en 1988 la mayor nevada de la historia y le colocó, incluso, una leyenda a la colegiata de Arbas.

Y llegaron unos años impresionantes de noticias, mi gran amigo y maestro Faustino Fernández Álvarez, padrino de mi hija Rebeca y al que tanto le debo y al que tanto añoro, siempre decía que Lena era en aquellos años más importante que Avilés si nos ateníamos a la cantidad de historias y reportajes que salían en la prensa. Y posiblemente era verdad.

El epicentro de todo fue la librería Miguel. Allí, mi abuelo, escribía a bolígrafo sus notas para los periódicos mientras vendía la prensa a los lenenses. Esa librería fue la mejor biblioteca de temas periodísticos que encontró mi padre, ocho periódicos diarios leídos con avidez día tras día. Y fue, después, mi universidad en la que un día me gradué como reportero. Los González Rebustiello, no sólo escribíamos en los periódicos, también los vendíamos y ahí aprendimos lo que la gente quería leer, lo que le importaba a nuestros vecinos. Jugamos con ventaja, pulsábamos a diario el impacto de lo que habíamos escrito.

Cuando murió Franco, mi padre estaba ingresado en la misma planta, y entrevistó a médicos, enfermeras y pacientes y lo publico en la Nueva España con la complicidad de un par de oriundos lenenses, el médico Vital Aza y el ministro de la época Fernando Suarez. A mi padre iba a operarle del corazón, el llamado yernísimo, el doctor Cristóbal Martínez Bordiú. Nada más que enterraron a Franco, una mañana le dijo a mi madre, “Aurora recoge la ropa que nos vamos, este no me opera a mí ni loco”. Y sin decir nada a nadie cogieron el tren y a la mañana siguiente estaba en la Pola. Una cosa es la noticia y otra perder la vida

Y fueron pasando los años y todos fuimos creciendo, y cayó el muro de El LLerón y emergió el barrio Santa Cristina, y la sierra de Robledo dio paso al cuartel de la guardia civil y la plaza aguantó estoica la caída del chale de Don. Ramón Valdés, el médico, el pozo Sotón dio paso a una piscina pública y las fiestas fueron cada vez más fiestas. Y la carretera nacional dejó paso a la autopista y se acabó la fiesta de la nieve y cerro el Edumar y llegaron la Gele y otras discotecas y los tiempos fueron avanzando y llegó la democracia.

Y casi a finales de los setenta llegó al mundo mi hija Ruth, y aquel veterano corresponsal que hasta que no acabó una crónica, dice la leyenda, no se levantó para conocer a su hija que acababa de nacer porque si no perdía la inspiración, se dejaba peinar por su nieta una y otra vez sin rechistar y Ruth sí que fue capaz de parar una noticia, “ahora no, que me está peinando la nena”.

En 1981, aquel corresponsal de Lena que había escrito cientos de grandes reportajes, aquel cartero que no se movía sin tener a su lado al médico de turno, cerró los ojos para siempre. No nos dejó un duro, ni falta, nos dejó su profesión y su devoción, su alma de cartero, cuyos pasos ha seguido mi hermana Paloma, y su alma de corresponsal que tantas alegrías me ha dado a mí.

No se fue únicamente el corresponsal, con él se iba el cartero mayor de aquella estafeta de Correos,  donde estaba Manolo y luego Luis, El cartero por excelencia, el hombre tranquilo, pausado, que cuando me reñía tenía una sonrisa en los labios. Y los administradores, Lebredo, que fue el autor, en 1957, hace ahora 65 años, de aquel famoso cartel de Feries que decía “ Pola de Lena Puerta de Asturias”, luego Mariano  que posteriormente llegó a ser alcalde socialista de Villacañas, su pueblo natal, y Regadera y… Y Maelo (soy gallego vengo de Lugo y traigo la gaita colgada del culo) cantábamos a coro, y Ángel el manco, y Angelín que era de león, Rodrigo el del Huerna, y Manolete con aquel vetusto seiscientos camino de Carabanzo y El Valle. Y Manolita, la única mujer, que repartía las cartas en  Muñón y que tanto me quería. Quien heredó esta faceta familiar fue mi hermana Paloma, más de cuarenta años de cartera de Robledo, Vegal Ciego, Vega el Rey, Santa Cristina, Mamorana, Tios, etcétera. Es un orgullo como hermano tener a una persona como tú en nuestras vidas. Te quiero Palo.

Y con su muerte me dejó la difícil papeleta de sustituirle, me tocó a mí escribir de Lena y mi primer gran reportaje fue el de “Castorón el de Espinedo”, que mi padre había dejado pendiente. Y mi primera portada fueron Tista y María, dos hermanos septuagenarios que llevaban unos meses solos y aislados por la nieve en El Quempu. Y recuerdo haber publicado la llegada de la segunda cadena de televisión española a la Pola, fue en el año 82 o 83 y las primeras imágenes las vi junto con el alcalde Enrique Baquero y la gente de Retevisión en La Faya. Y fuimos los primeros en recorrer la autopista del Huerna, y… siempre la misma canción “no es lo mismo”. Y dimos la exclusiva del cierre del Parador de Pajares. Y fuimos al viaje inaugural del Transcantabrico. Y una noche emborrachamos a un ministro y a un secretario de Estado para que la Fiesta del Cordero fuera declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional, y vaya si fue declarada.  Y venga a escuchar “no es lo mismo”.

Un inciso, yo jugué de portero en el Lenenese y fueron tiempos geniales, debuté con 15 años, heredé unas botas del número 44, yo gastaba el 42 y había que rellenar el resto con algodón. Jugué partidos con calcetines de lana como guantes, me duche bajo un bidón al que Manuel Castañon, Manolete, le había puesto debajo una rosca a la que se enganchaban dos salidas de ducha y se calentaba el agua en una hoguera al lado de la caseta, nunca llegué a tercera…

¿Tiempos mejores? Tuve mala suerte, debuté el año que se clausuraron Las Pedrosas y me retiré antes de que se inaugurará el actual Masgaín. El Lenense donde yo jugué en los años setenta era casi patrimonio de los de La Caleya y las Colominas, allí estaban los Castañón, Luis fue mi primer entrenador, Pin no hacía más que corregirme, Carlos jugó conmigo, Manolete cuidaba de todos. Y los Medrano, y los Varela y Jamo y el gran Gabino. Y por las colominas los Clemente, (Juan, Javi y Miguel), y José Antonio y Sixto, también Paulino y Torres, y luego los Parras en La Barraca, y Benito el capitán, de Villallana y luego la nueva hornada, los Duran, Berto, Maxi, Cortina, y estaba el Ché y tantos otros. Y quiso ficharme el Sporting y mi padre dijo nones.

 ¿Tiempos mejores? Fue dejarlo y el Lenense subió a Tercera, y luego llegó Michel y jugo en el Sporting y en el extranjero y le metió un gol al Atlético de Madrid en la Champions que yo grité como si  fuese una final de la Copa del Mundo. Pero para nosotros fueron tiempos gloriosos, éramos jóvenes.

En ese año 62, en la revista Lena, Cogorre, uno de los innumerables seudónimos de mi padre, Pin de Acebos, Lin de Roces, etc, hace una entrevista en el Café Gijón de Madrid a Manuel Fernández Martínez, más conocido como Manolo Pilares, poeta, novelista, minero, ferroviario, escritor de guiones cinematográficos, natural de Vega del Ciego. Veinticinco años más tarde de esa entrevista Manolo Pilares me recibió a mí en el Café de Gijón con los brazos abiertos,  sonrisa eterna y boina calada.

“Miguelín, que tal tu abuelo. Ven, que te presento”. Y allí estaba Fernando Fernán Gómez, allí estaba Juan Cueto, un poco más allá Alvaro de Luna “el Algarrobo”, allí estaba Manolo Alcántara, “Hoy no vino Cela”. Y me sentaba en su tertulia y uno alucinaba como si fuera un sueño, “ye Migelín, el fiu de Tino, el nieto de Miguel el de los periódico, gran amigo, cuántas tertulias en la librería con tu abuelo y Chuchu Neira. Oye y que tal la mi hermana Toña (la pintora), y Enrique. Ah, mira llegó Sara, ven, ye muy simpática”, y la Montiel fumando me dio un beso. Le llamé mil veces, Manolo, soy Miguelín, conoces a…, me abres la puerta de.., y siempre, siempre me la abrió.

Esa pauta de ayudar a los vecinos me la metieron en vena, mi padre, mi madre, mi abuelo, mi tío, los amigos de mi padre y muchos lenenses que ya no están entre nosotros. Estés donde estés, si te llama un o una lenense hay que ponerse al teléfono y si está en apuros, y se puede, echar una mano. Lena fue y es nuestro personal Macondo.

Y a mediados los ochenta llegó al mundo mi hija Rebeca, con su alegría, sus nuevos tiempos, su desparpajo “mamá, te presento a mi novio, danos de merendar”, nueve años tenía. Y los noventa, junto con su hermana, son los de su niñez y al final de esa década la vida hizo que un mayo lluvioso yo cruzara el estrecho de Senriella en un Renault Laguna con los ojos llorosos para ya no volver a vivir nunca más en este bendito concejo. Desde hace 25 años soy emigrante, aunque viva a poco más de 30 kilómetros de distancia. Ni soy de allí y siento que casi ya no soy de aquí, Y no se imaginan como duele esta afirmación. Sé que me perdido mucho, pero mi alma y mi ser siguen siendo totalmente lenenses.

Y me acuerdo mucho de mi madre, de Aurora de Ávila, la primera emigrante que conocí quien en los años cincuenta llegó en tren a Pola de Lena desde Madrid con su marido y nunca más salió de aquí. Ella que nos contaba historias de su Medina del Campo natal y de su Madrid de juventud ella que vivió a la sombra y que sin embargo era el motor, ella que nos acogió a todos bajo su manto y hasta su último suspiro miraba más por nosotros que por ella misma.  Cuánto te echamos de menos mamá.

Y el siglo XXI entró en nuestras vidas arrasando, con la llegada del euro, con el internet consolidándose, con los móviles emergiendo, con la vida tomando una velocidad que casi nos parecía de ciencia ficción. Y este bendito valle siguió aguantando las andanadas,  las operaciones y costuras que le van dejando en el cuerpo, y ahí siguen sin podernos cerrar del todo la herida de la nueva variante, y el viejo Pajares aguanta, y la autopista del Huerna abrió al mundo la maravillosa vista de las Ubiñas. Y la fiesta del Cordero sigue en el alto de la Cobertoria, y ya no hay Molín de la Sala en La Flor. Y nació la fiesta de los Astures y romanos en Carabanzo  y parece, parece  que está en pausa.

En este siglo me cambiaron de bando y pasé de la redacción de un periódico a los gabinetes de la Federación Asturiana de Concejos y de la Red Asturiana de Desarrollo Rural, entidad de la que soy gerente desde el año 2009. He conocido y tratado con los cinco alcaldes que llevamos desde la reinstauración de la democracia en nuestro país, Enrique Baquero, Enrique Lobo, Hugo Morán, Ramón Argüelles y Gema Álvarez, y con él último de la dictadura, Gaudencio Tomillo.

Con todos tuve una buena relación, quizá con el que menos coincidí fue con Ramón, pero con el resto… Tomillo era amigo de mi padre, Enrique Baquero aguantó estoico algún que otro desencuentro producido por mi bisoñez, con Lobo debatimos bastante y en su mandato se puso la calle a mi padre lo cual siempre agradeceré. Hugo Morán es mi amigo, un gran amigo con el que he compartido muchas, demasiadas vivencias y al que debo estos 20 años de trabajo en el municipalismo y en el medio rural asturiano. Gracias de corazón por estar siempre ahí. Y luego está Gema, quien con el tiempo hemos ido acortando distancias hasta llegar a compartir buenos proyectos para la Montaña Central y para Lena en particular.

Otro alcalde, que hoy está sentado en esta sala y no es lenense pero que va entrar en este pregón por derecho propio es Francisco González “Kiko”, ex alcalde de Cudillero y ex presidente de READER con el que junto a la lenense Yolanda Diez, treinta años trabajando juntos, por cierto te echo de menos, y Mari Paz Álvarez, la persona sin la cual no sabría donde tengo la mano derecha, consolidamos la Red Asturiana de Desarrollo Rural, que abandonaré, por jubilación, en junio del próximo año, la vejez trae consigo siempre un adiós.

“Cualquiera tiempo pasado fue mejor”, no, qué va, antes, aquí en Lena, teníamos a los Peniques y al Fogoneru y a la ‘Ruiseñor  de los montes’, y ahora tenemos a Spantalaxente, los Pingüinos Asesinos, Adizión Etílica, los Mokomitas, La Nueve, y dejo para lo último a nuestra Mapi Quintana Y antes estaban Los Zamarrones y la Banda de cornetas y tambores, ahora está Guestia, y  la Flor de Xanzaina y hay una escuela de música y luego, luego está el coro La Flor que debe de ser inmortal y que además cantan como los ángeles. No, es mentira, cualquiera tiempo pasado no fue mejor.

Y no es mejor porque yo estudiaba en un instituto que no existía, que dependía de Mieres y hoy sí existe y si no lo digo reviento, ahí está de profesora mi hija Ruth, en el instituto en el que también ella estudió más tarde, y en el que le dio clases Xulio Concepción, y ahora ella está dándoles clase a las hijas de sus amigas y no saben el orgullo que eso me produce. Y a Carlota, mi nieta pequeña le da clase, Begoña, la hija de Mili, la hermana de Merti. Y mi nieta Adriana viene siempre a hacer de paje en las procesiones de Reyes. Y no nos perdemos una fiesta en la casa de La Caleya por la Flor. Es decir todo tiene un círculo que al final siempre nos trae a Lena.

Y no es mejor porque en breve iremos a Madrid en Ave y las montañas de Lena serán de nuevo quienes hagan posible ese tránsito y estoy seguro que el Ave parará en Lena, y si no, ya saben, cristo que te crió. Y conseguiremos que no se cierre la rampa de Pajares, y seremos un destino turístico excepcional; ah, una noticia, que no se diga que me abandonó la raza, en breve se harán unos podcast turísticos en Lena y la Montaña Central denominados  “Red PODCAST Paisajes Sonoros, cuánto más se sabe, mejor se ve”, que serán traducidos al inglés y al chino, y les juro que esto sí se puede contrastar.

Voy terminando, este pregón ha servido para que por fin entienda eso de “no es lo mismo” que me lleva sonando en la cabeza desde que murió mi padre. Me lo explicó antes de ayer mi tío Eligio.

-“Oye hablarás de tu padre en el pregón”, me dijo.

 Y yo me eché a reír.  Y ahí que me suelta:

– “Es que no es lo mismo desde que el murió, y además es mentira que fuera un mentiroso, quizá algo exagerado”

-“A ver, Eligio, por qué no es lo mismo.

– Y él, “te lo Explico:”

-“Tu padre no escribía para dar una noticia. Escribía para que la leyeran. Te pongo un ejemplo. Un día me dio escritas unas preguntas y marché para el valle de Muñón a entrevistar a Camilo Figueroa, el ciclista. Fui allí, estuve una tarde con él y le devolví a tu padre las respuestas de Camilo. Sale la noticia, “El  ciclista pastor que vive en un pueblo que no tiene carretera”. Llamo a tu padre y le digo: “Tino, van a matarnos, ni es pastor y la carretera pasa delante de su casa”. Y tu padre me responde: “Eligio no entiendes nada, si no ponemos eso el artículo es uno más, no lo lee ni dios, y sin embargo hoy está en todas las emisoras de Asturias.”

Así eran estos estos lenenses de pro que tenían un lobo disecado para hacer las fotos; que no sabían esquiar y eran los mayores expertos en periodismo de la nieve; que no tenían carnet de conducir ni falta que les hacía; que eran capaces de parar un tren, que lo hicieron; que descubrieron a la familia asturiana de Fidel Castro y que pobre de aquel que osara meterse con Lena”.

Que no, que no, que cualquiera tiempo pasado no fue mejor, que este concejo lo que necesita, lo que necesitamos es un nuevo slogan que diga “cualquiera tiempo futuro será mejor…” Y que ya huele a callos y que habrá chupinazo y que si mi abuelo y mi padre levantasen la cabeza y oyesen este pregón me matarían a palos. Y que entre las teclas del ordenador os habéis quedado tantos que a todos os pido perdón.

Y que aunque sea un emigrante seré lenense como el que más hasta el día que me muera el tiempo que me tocó. Y aquí lo dejo dicho, Nieves, mi amor, el motor que me aguanta,  que merece toda mi admiración, y que te quiero cada día más; Ruth, Rebeca que sois la razón de mi vida, os digo que cuando yo ya no esté encargaros que mis cenizas vuelen por estos montes y esta tierra que me ha visto nacer y crecer, a la que tanto debo y a la que tanto quiero.

Por orden de la señora alcaldesa doy por inauguradas las Ferias y Fiestas de Nuestra Señora del Rosario 2022.

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