
Un grupo de personas con raíces en Puente de los Fierros se reunió este pasado fin de semana en el Restaurante Tiós, en una comida marcada por la memoria, el reencuentro y el deseo de mantener viva la historia de uno de los pueblos más vinculados al pasado ferroviario del concejo de Lena.
El encuentro estuvo organizado por Luis Simón Albalá y Raquel García Montero, que impulsaron esta cita con el objetivo de recuperar historias, recuerdos y vivencias relacionadas con el Fierros antiguo. La comida reunió a antiguos vecinos y descendientes llegados desde distintos puntos, como Irún, Madrid, Galicia u Oviedo, además de personas vinculadas al propio concejo.
Durante la jornada, los asistentes participaron en un recorrido virtual por los barrios del antiguo Fierros, en el que cada persona fue compartiendo anécdotas de su infancia, recuerdos familiares y vivencias ligadas a los distintos rincones del pueblo.
La iniciativa tuvo también un fuerte componente emocional, al tratarse de un reencuentro entre personas que comparten origen, memoria y lazos con un lugar que ha cambiado profundamente con el paso del tiempo. Para muchos de los asistentes, esta comida supuso una oportunidad para volver a encontrarse con antiguos vecinos y recordar una época muy presente en la memoria colectiva.
La primera comida de estas características se celebró en 1989 y, desde entonces, se ha repetido cada cierto tiempo, siempre con el mismo espíritu: reunir a quienes mantienen vivo el vínculo con Puente de los Fierros y con su historia.
El encuentro sirvió también para poner en valor el pasado ferroviario de la localidad. Buena parte de los asistentes, o sus antepasados, estuvieron relacionados con el mundo del ferrocarril, una actividad que marcó durante décadas la vida cotidiana, social y económica de Fierros.
Con esta nueva edición, los organizadores quisieron dar visibilidad a un pueblo cuya historia forma parte esencial de la identidad de Lena, especialmente para quienes, aunque viven lejos, siguen conservando un fuerte apego a sus raíces. Más allá de la comida, la jornada fue un ejercicio de memoria compartida y una forma de recordar que la historia de los pueblos también se mantiene viva gracias a quienes la cuentan, la recuperan y la transmiten.


