El año pasado, el 31 de mayo, publiqué en este mismo medio un artículo titulado “La vuelta de los peregrinos con el buen tiempo”. En él señalaba que el Camino del Salvador era una ruta que, año tras año, aumentaba en número de caminantes. Y así fue: el pasado ejercicio terminó siendo un año de récord, aunque las cifras sigan siendo muy modestas para un itinerario que podría convertirse en la gran alternativa al masificado Camino Francés. Todo indica que este año seguirá la misma tendencia ascendente y que los peregrinos volverán a aparecer con aún más fuerza.
Conviene recordar que por León pasan cada año más de 200.000 peregrinos camino de Santiago, una cifra que contrasta con la todavía discreta afluencia del Camino del Salvador. Y, sin embargo, este itinerario posee un enorme potencial: une León con Oviedo y permite enlazar con el Camino Primitivo o con el Camino de la Costa, dos rutas que viven un auge notable por su belleza y porque aún no sufren la saturación del Camino Francés.
Disfruté, como siempre, de su paisaje espectacular, un patrimonio natural que mantiene intacta su capacidad de asombro. Sin embargo, conviene subrayarlo: no es un itinerario sencillo. Entre Pola de Gordón y Campomanes el peregrino debe afrontar importantes desniveles, un esfuerzo físico considerable que define el carácter de esta ruta. Se trata, además, de un tramo austero en servicios, donde no siempre es fácil encontrar lugares para comer o beber. Aun así, el Camino compensa esa carencia con una red de albergues públicos que se mantienen operativos y que garantiza un descanso seguro y accesible para quienes lo recorren.
A partir de Campomanes, el Camino se vuelve más amable: el paso por los concejos de Lena y Mieres ofrece un trazado con muchos servicios, que facilitan el andar del peregrino.
Precisamente por conocer sus caminos, su historia y su evolución, me inquieta que el Camino del Salvador esté viviendo sus últimos años de esplendor a su paso por el concejo de Lena, donde el peregrino suele realizar dos etapas completas. Esta inquietud no es gratuita y responde a varios motivos. Entre ellos destaca que el concejo de Aller ha oficializado un trazado alternativo desde San Isidro hasta Ujo, y que el Ayuntamiento de Laviana está recuperando el histórico Camino de las Asturias, una ruta que entra en el Principado por el puerto de Tarna y desciende siguiendo el valle del Nalón hasta Oviedo. Se trata de itinerarios con base histórica y con un impulso institucional creciente, lo que puede modificar en los próximos años el mapa de las rutas jacobeas en Asturias.
Las consecuencias para los concejos de Aller y de Lena.
Con la ruta allerana, el concejo de Mieres —desde Ujo— seguiría recibiendo a los peregrinos procedentes de Boñar o incluso más. En la actualidad, sin embargo, muy pocos caminantes transitan por ella, debido a diversos impedimentos iniciales, como la falta de albergues o alojamientos privados en sus primeros tramos. Cuando una vez subsanadas estas carencias, la afluencia aumentará notablemente, pues se trata de una ruta de extraordinaria belleza que, sin duda, atraerá a numerosos peregrinos.
En cambio, con el Camino de las Asturias, tanto el concejo Lena como el Mieres perderán parte de ese flujo de caminantes, y con él una fracción importante del movimiento económico, desarrollo rural y cultural vinculado al Camino del Salvador.
Hasta ahora, las grandes asociaciones de peregrinos, dentro de su programación, solían incluir cada cierto tiempo el Camino del Salvador, repitiéndolo cada pocos años para mantener viva la tradición y para ofrecer a sus socios una ruta por la montaña astur leonesa. Pero actualmente, muchas de estas asociaciones y también varios grupos de montaña muestran un interés por conocer y recorrer las dos nuevas alternativas que han surgido en los últimos años. Son iniciativas en las que ayuntamientos, voluntariado y colectivos jacobeos se suman al Camino de Santiago de cara al próximo Año Jacobeo.
Por eso, desde este medio lanzo mi modesta pero necesaria reflexión sobre lo que puede ocurrir con el Camino del Salvador a su paso por la comarca del Caudal. El futuro de esta ruta histórica —y de lo que representa para Lena y Mieres— está hoy más abierto que nunca. Por eso es ahora, y no mañana, cuando debemos mirar con responsabilidad a este camino milenario que atraviesa Lena y Mieres.
Porque si dejamos que se apague, no solo perderemos peregrinos: perderemos una parte de nosotros mismos. Aunque muchos nunca se dieron cuenta de los beneficios de estos turistas silenciosos.
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