Hay personas que han vivido más historias de las que caben en una vida. Pedro García Díaz es una de ellas. Nacido en La Pola, guardia civil durante buena parte de su trayectoria profesional, escolta de personalidades durante los años del terrorismo de ETA, víctima de un atentado y profundamente vinculado al mundo canino, protagoniza el episodio 27 de Calla Oh. Una conversación que transita entre momentos realmente duros, anécdotas sorprendentes, humor y un enorme cariño por Lena.
Aunque lleva muchos años viviendo fuera del concejo, Pedro deja claro desde el comienzo que nunca ha dejado de sentirse lenense. Vivió en La Pola hasta los 14 o 15 años, estudió en El Pilar y mantiene numerosos vínculos familiares con el concejo. También conserva una estrecha relación sentimental con la SD Lenense: su padre formó parte del primer equipo de la historia del club y Pedro fue años después quien puso en marcha su primera página web. Incluso cedió posteriormente al club el dominio Lenense.com.
De presentarse casi por casualidad a la Guardia Civil a trabajar como escolta
Su entrada en la Guardia Civil llegó de una forma inesperada. En 1992, después de que unos amigos le comentasen que se habían convocado plazas, decidió preparar las pruebas cuando apenas quedaban un par de meses para el examen. Consiguió entrar y comenzó una trayectoria que le llevaría por numerosos destinos y especialidades.
Tras pasar por la academia de Úbeda, su primer destino fue Guardo, en Palencia. Tiempo después consiguió regresar a Asturias, aunque protagonizando una de las primeras anécdotas del episodio: pidió destino en Pola de Somiedo creyendo que estaba cerca de Oviedo, después de confundirla con Pola de Siero.
Su formación acabaría siendo muy extensa. Entre otras especialidades, realizó formación en fiscal y drogas, seguridad pública y privada y dirección y gestión de seguridad, además de convertirse en profesor habilitado en este ámbito. Pero uno de los capítulos que más marcaría su vida llegaría cuando realizó el curso de escolta de personalidades vinculado a la amenaza terrorista de ETA.
Vivir cada día bajo la amenaza de ETA
Pedro se presentó voluntario para trabajar en el País Vasco protegiendo a políticos, empresarios y otras personas amenazadas. Durante algo más de un año ejerció como escolta en una etapa que recuerda como profesionalmente apasionante, pero también extremadamente complicada.

Sufrió de cerca dos atentados. En uno de ellos, un compañero perdió una pierna y Pedro resultó herido en el muslo y el codo. Años después acabaría siendo retirado en acto de servicio, con la consideración de víctima del terrorismo y la correspondiente condecoración al mérito.
El episodio permite conocer cómo era realmente aquella vida cotidiana. Memorizar los vehículos aparcados alrededor del domicilio de una persona protegida, revisar cualquier elemento extraño o modificar constantemente las rutinas formaban parte del trabajo.
Pedro recuerda especialmente una ocasión en la que detectó un coche que no reconocía cerca del domicilio de una persona a la que protegían. Al comprobar la matrícula descubrieron que el vehículo había sido robado dos días antes. Aunque finalmente no contenía explosivos, posteriormente les explicaron que ETA utilizaba vehículos vacíos para comprobar si despertaban sospechas antes de preparar un atentado.
Aquellos años también dejaron hábitos difíciles de abandonar. Cuando regresaba a Asturias, Pedro daba varias vueltas antes de estacionar y colocaba el coche de forma que pudiera revisar fácilmente los bajos. «Todavía hoy en día hay alguna cosita que te queda por ahí colgando», reconoce durante la conversación.
Tina, la perra que cambió su vida
Sin embargo, el momento más emotivo del episodio tiene nombre propio: Tina.
Tina era una labradora de la Guardia Civil especializada en la detección de sustancias estupefacientes y dinero. Desarrolló su carrera profesional en Barcelona y protagonizó importantes intervenciones, entre ellas la detección de un cargamento que, según relata Pedro, estaba valorado en 24 millones de euros.

Cuando cumplió ocho años y llegó el momento de retirarla del servicio, Pedro y su hija decidieron adoptarla.
Lo que inicialmente iba a ser simplemente ofrecerle un hogar terminó convirtiéndose en una relación que cambiaría profundamente su vida. Pedro explica que atravesaba entonces un momento personal en el que apenas salía de casa y Tina le ayudó a volver a hacerlo.
Tiempo después, una infección provocada por la picadura de una garrapata en el interior del oído desencadenó graves problemas de salud en la perra. Durante cerca de cuatro años, Pedro y su hija se volcaron completamente en sus cuidados, llegando incluso a dormir junto a ella en el suelo y ayudándola a desplazarse mediante un arnés.
Su historia llevó además a Pedro a reivindicar una mayor protección para los perros de servicio una vez finaliza su vida profesional. Según explica, al retirarse dejan de contar con la cobertura veterinaria de la Guardia Civil y determinados animales, por su edad, encuentran dificultades para acceder posteriormente a seguros privados.
Tina falleció el 24 de enero de 2025. Pedro conserva sus cenizas en un colgante, algunos de sus pelos en el llavero, fotografías, reconocimientos y recuerdos repartidos por casa. Hablar de ella todavía le emociona.
«Es hablar de Tina…», reconoce al comienzo de uno de los momentos más personales de la entrevista. Su muerte tuvo además un enorme impacto sobre él: apenas dos días después tuvo que volver a ser ingresado tras haber sufrido ya anteriormente problemas cardíacos durante los años de cuidados de la perra.
De Tina a una inesperada amistad con Eugenia Martínez de Irujo
La historia de Tina también provocó una conexión inesperada. Pedro compartía en redes sociales su evolución hasta que recibió un mensaje de Eugenia Martínez de Irujo, preocupándose por la perra y ofreciéndose a ayudar a difundir su situación.
En un primer momento creyó que podía tratarse de una cuenta falsa. Le facilitó su teléfono y, aproximadamente media hora después, recibió su llamada.
La difusión de la historia hizo que el caso comenzase a aparecer en diferentes medios de comunicación y provocó un importante crecimiento de sus perfiles sociales. Pedro explica en el episodio que actualmente reúne decenas de miles de seguidores en Instagram y TikTok, además de gestionar una página dedicada a actuaciones y méritos de la Guardia Civil con cientos de miles de seguidores.
Una colección de anécdotas difícil de superar
La conversación también descubre la faceta más divertida de una trayectoria profesional cargada de situaciones insólitas. Desde una mujer que acudió a denunciar que su vecina le enviaba «rayos» a través de la pared hasta un hombre convencido de que otro vecino le «espantaba la lluvia».

Especialmente curiosa es otra historia relacionada con sus años como escolta. Pedro utilizaba entonces un vehículo con placas reservadas de San Sebastián. Durante una visita a su familia en Gijón lo dejó estacionado junto a la estación de autobuses. Coincidió que se recibió una amenaza de bomba y los agentes encontraron en las inmediaciones un vehículo con matrícula de San Sebastián, las placas aparentemente manipuladas y una antena de radio. Era el suyo.
Cuando recibió la llamada de un superior tuvo que bajar rápidamente para aclarar la situación. «No vuelvo con la matrícula de San Sebastián», recuerda entre risas.
«Siempre, siempre» con Lena presente
Pese a haber construido buena parte de su vida fuera, Pedro continúa regresando a La Pola siempre que puede. Considera que la localidad ha perdido parte de la vida que tenía décadas atrás, aunque reivindica especialmente su ambiente hostelero y social, que asegura que puede superar incluso al de algunas zonas de Gijón.
Su vinculación con el deporte tampoco desapareció. Además de aquella primera web del Lenense, posteriormente ocupó responsabilidades en el Real Avilés y trabajó en el ámbito de la seguridad vinculado al Real Oviedo, además de elaborar planes de emergencia y evacuación para diferentes campos de fútbol asturianos.
Entre recuerdos de La Pola, historias profesionales y episodios que en ocasiones parecen difíciles de creer, el capítulo 27 de Calla Oh descubre a una persona marcada por experiencias extraordinarias, pero también por dos vínculos que permanecen intactos con el paso de los años: su amor por los animales y su orgullo por seguir sintiéndose de Lena, viva donde viva.


